OYE MAMY
Yo me aburro en la casa, ya quisiera regresar a la escuela. Ojalá el próximo año me toque con la misma maestra; ¿Sabes lo que más me gusta de ella? Su paciencia.

Si hijo; la mayoría de los maestros destacan en esta cualidad.

Mira, la paciencia, es el primer rasgo señalado por San Pablo cuando habla de lo que es la caridad; y combina estas cuatro cualidades: la tranquilidad, la ternura, la perseverancia y la excelencia.

La tranquilidad descubre ese amor paciente de los maestros, contrapuesto al impaciente y precipitado, toma todo el tiempo necesario porque lo importante es lograr el bien y no desbaratarlo por la prisa. Así, cada alumno atesorará la tranquilidad con que el maestro(a) lo estimuló a aprender hasta conseguir la sonrisa simultánea de satisfacción.

Bueno, pero… Qué me dices de las mamás.

En las mamás observamos esa dulzura y delicadeza que es la ternura; cualidad que sin duda puso Papá Dios en ellas para sus hijos. Cada uno de ellos recordará cosas especiales de la ternura materna. Cuando tú eras un bebé te tomaba en los brazos, te hacía piojito y con infinita paciencia esperaba a que te quedaras dormido. Luego, al ir creciendo; paciencia para que aprendieras a caminar, a hablar, comer e ir al baño, y paciencia también para contestar los interminables “porqués”. Y en la pre-adolescencia y adolescencia los papás deben abastecerse de kilos de paciencia para salir bien librados en esta dificil etapa.

¿Y la perseverancia mamy?

La perseverancia es inseparable de la paciencia, ¡brillo meritorio de los médicos! Ya sea velando junto al lecho del enfermo, en la agotadora tarea del quirófano o en la búsqueda de un remedio. ¡Dichosos los “pacientes” a quienes atiende un médico todavía más paciente…!

Pero la tranquilidad, la ternura, y la perseverancia no bastan, hace falta el amor perfecto, que no para hasta hacer el bien completo, no como salga ni a medias, sino acabado y excelente. El ejemplo es de los artistas, no terminan hasta que terminan muy bien, El que tiene caridad con paciencia y excelencia es el artista del amor.

Mamy, cuando yo sea grande quisiera ser como ellos, pero… ¡Cómo le hicieron! yo soy muy impaciente.

Mira, para llegar a ser paciente, lo primero es guardar la calma ante palabras y actitudes ofensivas o que nos disgustan, sobre todo si vienen de gente cercana o que es importante para nosotros. Por ejemplo en una discusión, alguien tiene que permanecer tranquilo, porque el enojo es el gran enemigo de la paciencia.

Luego, no debemos desesperarnos si los demás no piensan como nosotros, o no hacen las cosas tan rápido como quisiéramos; por ejemplo los ancianos, los niños chiquitos, los débiles o que son más lentos que tú.

¡Es que yo soy muy desesperado mamy!

Lo sé, debes aprender a controlar tu carácter, hay que saber esperar cuando algo se desea mucho. Todo ocurre en su momento; el tiempo no pasará más rápido porque te desesperes. Mejor aguarda con calma, que lo que tenga que ser, será.

Además es necesario esperar para saber cuándo hay que actuar para no tomar decisiones equivocadas o decir cosas de las cuales luego nos arrepentiremos; por eso hay que controlar la impulsividad. Y por último, dedícale a cada cosa su tiempo. Si tienes que hacer algo, hazlo despacio. Más lento mientras más difícil sea. Si te desesperas, cometerás errores que pueden salirte caros.

Oye mamy, ¿Y no hay ejercicios o alguna fórmula para llegar a ser pacientes?

De hecho sí. Has lo siguiente y verás que poco a poco lo logras.

Cuando sientas que te estás impacientando, respira profundo, mantén el aire y luego suéltalo despacio. Hazlo cinco veces.
No cedas a tus impulsos: piensa primero, y actúa o habla después.
Cada día, cuando despiertes, di: “Hoy conservaré la calma”. Y ¡Cúmplelo! Arma un gran rompecabezas.
Cada cosa que hagas hazla despacio y con cuidado.
Recuerda que no por desesperarte las cosas ocurren más de prisa.

¡Sí mamy, lo voy a hacer!… ¡Quiero llegar a ser alguien muy paciente!

Adaptación: Socorro González

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